La Odisea - versión resumida
La Odisea - versión resumida Calzándose sus sandalias doradas, que la llevaban sobre el mar y la tierra con la velocidad del viento, la diosa descendió empuñando su pesada lanza de bronce. En Ítaca, la atmósfera era asfixiante. Atenea adoptó la apariencia de Mentes, rey de los tafios, y se plantó en el umbral del palacio. Lo que vio fue indignante: decenas de hombres arrogantes jugaban a los dados sentados sobre las pieles de los bueyes que ellos mismos habían masacrado, mientras los sirvientes corrían limpiando mesas y sirviendo vino y carne en abundancia. En medio de ese caos, aislado y con el corazón apesadumbrado, se encontraba Telémaco. El joven príncipe soñaba despierto con la aparición repentina de su padre, imaginando cómo dispersaría a esos parásitos y recuperaría su hogar y su dignidad. Al notar que un huésped esperaba en la puerta, Telémaco sintió indignación y vergüenza por la falta de hospitalidad de su casa. Se acercó rápidamente, tomó la lanza del visitante y lo condujo lejos del tumulto para poder hablar en paz, sin que los gritos de los pretendientes los interrumpieran.
