La Odisea - versión resumida
La Odisea - versión resumida Mientras tanto, en la ciudad, el barco de los pretendientes que había intentado emboscar a Telémaco regresó frustrado. Antínoo, consumido por la rabia, propuso asesinar al muchacho en los caminos del campo. Anfínomo, más prudente, sugirió consultar primero a los dioses. Penélope, enterada del complot asesino gracias al heraldo Medonte, descendió al salón. Con los ojos llameantes de ira, se enfrentó a Antínoo, recordándole cómo Odiseo había salvado la vida de su padre años atrás, llamándolo «urdidor de maldades». Eurímaco, maestro de la falsedad, intervino asegurando que nadie tocaría a Telémaco mientras él viviera, una mentira piadosa que ocultaba su propio deseo de asesinar al joven.
A la mañana siguiente, Telémaco se adelantó hacia el palacio, donde tranquilizó a su madre y recibió a su huésped, el adivino fugitivo Teoclímeno, quien juró a la reina que Odiseo ya caminaba sobre la tierra de Ítaca. Horas más tarde, Odiseo, de nuevo bajo la apariencia del repulsivo anciano, emprendió el camino hacia la ciudad junto a Eumeo.