La Odisea - versión resumida
La Odisea - versión resumida Odiseo lo miró con calma evaluadora. Le pidió pan alabando su apariencia real, e inventó una historia sobre cómo él también había sido rico y poderoso antes de que una expedición a Egipto lo arruinara. A Antínoo no le conmovió la historia. «Aléjate de mi mesa, mendigo descarado», gruñó. Odiseo dio un paso atrás, con frialdad: «Tu juicio no corresponde a tu presencia. No darías ni sal de tu propia casa a un suplicante, cuando aquí te niegas a darme un trozo de pan de la mesa ajena».
La furia cegó a Antínoo. Agarró un pesado taburete de madera y lo lanzó con todas sus fuerzas. El mueble impactó brutalmente contra el hombro derecho de Odiseo, justo en la base de la espalda. Cualquier otro hombre habría caído desplomado, pero el rey de Ítaca ni siquiera parpadeó. Se mantuvo erguido, inmóvil como una estatua de bronce. Sacudió la cabeza en silencio, tejiendo la venganza en su mente, y regresó al umbral. Desde allí, alzó la voz para que todos lo escucharan: «Antínoo me ha herido por el solo hecho de tener hambre. Si existen dioses y furias para los mendigos, que la muerte encuentre a Antínoo antes que el matrimonio».