La Odisea - versión resumida
La Odisea - versión resumida Atenea, moviendo los hilos desde lo invisible, plantó una idea letal en la mente de Penélope. Había llegado el momento de enfrentar a los parásitos que devoraban su vida. La reina subió por la alta escalera del palacio, sintiendo el peso de los años en cada escalón. Tomó una pesada llave de bronce con empuñadura de marfil y se dirigió a la bóveda más profunda de la casa, allí donde descansaban los tesoros del rey ausente. Al abrir las puertas de roble, los goznes rechinaron con el bramido de un toro salvaje. Penélope avanzó hasta el fondo y descolgó una funda espléndida. Dentro descansaba un arma que ningún hombre común podía manejar: el gran arco flexible de Odiseo, un regalo de su antiguo amigo Ífito, asesinado a traición por Heracles. Al sostener la madera curvada sobre sus rodillas, la reina se derrumbó. Lloró amargamente, abrazada al recuerdo de su esposo, hasta que ya no le quedaron lágrimas. Secándose el rostro, tomó el arco, llenó una aljaba con flechas erizadas de muerte y bajó al gran salón.
