La Odisea
La Odisea 767 En acabando de hablar dio un grito, y la diosa oyó la plegaria. Los pretendientes movían alboroto en la obscura sala, y uno de los soberbios jóvenes dijo de esta guisa:
770 —La reina, a quien tantos pretenden, debe de aparejar el casamiento e ignora que su hijo ya tiene la muerte preparada.
772 Así habló, pero no sabían lo que dentro pasaba. Y Antínoo arengóles diciendo:
774 —¡Desgraciados! Absteneos todos de pronunciar palabras insolentes; no sea que alguno vaya a contarlas a Penelopea. Mas, ea, levantémonos y pongamos en obra, silenciosamente el proyecto que a todos nos place.
778 Dicho esto, escogió los veinte hombres más esforzados y fuese con ellos a la orilla del mar, donde estaba la velera nave. Primeramente echaron la negra embarcación al mar profundo, después le pusieron el mástil y las velas, luego aparejaron los remos con correas de cuero, haciéndolo como era debido, desplegaron más tarde las blancas velas y sus bravos servidores trajéronles las armas. Anclaron la nave, después de llevarla adentro del mar; saltaron en tierra y se pusieron a comer aguardando que viniese la tarde.