La Odisea
La Odisea 377 —¡Padre Zeus, bienaventurados y sempiternos dioses! Castigad a los compañeros de Odiseo LaertÃada, pues, ensoberbeciéndose, han matado mis vacas; y yo me holgaba de verlas asà al subir al estrellado cielo, como al volver nuevamente del cielo a la tierra. Que si no se me diere la condigna compensación por estas vacas, descenderé a la morada de Hades y alumbraré a los muertos.
384 Y Zeus, que amontona las nubes, le respondió diciendo: —¡Oh Helios! Sigue alumbrando a los inmortales y a los mortales hombres que viven en la fértil tierra; pues yo despediré el ardiente rayo contra su velera nave, y la haré pedazos en el vinoso ponto.
389 Esto me lo refirió Calipso, la de hermosa cabellera, y afirmaba que se lo habÃa oÃdo contar a Hermes, el mensajero.
391 Luego que hube llegado a la nave y al mar, reprendà a mis compañeros —acercándome ora a éste, ora a aquél—, mas no pudimos hallar remedio alguno, porque ya las vacas estaban muertas. Pronto los dioses les mostraron varios prodigios: los cueros serpeaban, las carnes asadas y las crudas mugÃan en los asadores, y dejábanse oÃr voces como de vacas.