La Odisea
La Odisea 397 Por seis días mis fieles compañeros celebraron festines, para los cuales echaban mano a las mejores vacas de Helios, mas, así que Zeus Cronión nos trajo el séptimo día, cesó la violencia del vendaval que causaba la tempestad y nos embarcamos, lanzando la nave al vasto ponto después de izar el mástil y de descoger las blancas velas.
403 Cuando hubimos dejado atrás aquella isla y ya no se divisaba tierra alguna, sino tan solamente cielo y mar, Zeus colocó por cima de la cóncava nave una parda nube debajo de la cual se obscureció el ponto. No anduvo la embarcación largo rato, pues sopló en seguida el estridente Céfiro y, desencadenándose, produjo gran tempestad: un torbellino rompió los dos cables del mástil, que se vino hacia atrás, y todos los aparejos se juntaron en la sentina. El mástil, al caer en la popa, hirió la cabeza del piloto aplastándole todos los huesos; cayó el piloto desde el tablado, como salta un buzo, y su alma generosa se separó de los huesos.
415 Zeus despidió un trueno y al propio tiempo arrojó un rayo en nuestra nave; ésta se estremeció, al ser herida por el rayo de Zeus, llenándose del olor del azufre, y mis hombres cayeron en el agua. Llevábalos el oleaje alrededor del negro bajel como cornejas, y un dios les privó de la vuelta a la patria.