La Odisea
La Odisea 375 —¡LaertÃada, del linaje de Zeus! ¡Odiseo, fecundo en ardides! Piensa cómo pondrás las manos en los desvergonzados pretendientes, que tres años ha mandan en tu palacio y solicitan a tu divinal consorte, a la que ofrecen regalos de boda; mas ella, suspirando en su ánimo por tu regreso, si bien a todos les da esperanzas y a cada uno le hace promesas enviándole mensajes, revuelve en su espÃritu muy distintos pensamientos.
382 El ingenioso Odiseo le respondió diciendo:
383 —¡Oh númenes! Sin duda iba a perecer en el palacio con el mismo hado funesto de Agamenón Atrida, si tú, oh diosa, no me hubieses instruido convenientemente acerca de estas cosas. Mas, ea, traza un plan para que los castigue y ponte a mi lado, infundiéndome fortaleza y audacia, como en aquel tiempo en que destruimos las lucientes almenas de Troya. Si con el mismo ardor de entonces me acompañases, oh deidad de ojos de lechuza, yo combatirÃa contra trescientos hombres; pero con tu ayuda, veneranda diosa, siempre que benévola me socorrieres.
392 Contestóle Atenea, la deidad de ojos de lechuza: