La Odisea

La Odisea

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149 —¡Oh amigo! Ya que a todo te niegas, asegurando que aquél no ha de volver, y tu ánimo permanece incrédulo; no sólo quiero repetirte, sino hasta jurarte, que Odiseo volverá. Por albricias de la buena nueva revestidme de un manto y una túnica, que sean hermosas vestiduras, tan presto como aquél llegue a su palacio; pues antes nada aceptaría, no obstante la gran necesidad en que me veo. Me es tan odioso como las puertas del Hades a aquel que, cediendo a la miseria refiere embustes.

158 Sean testigos primeramente Zeus entre los dioses y luego la mesa hospitalaria y el hogar del intachable Odiseo a que he llegado, de que todo se cumplirá como lo digo: Odiseo vendrá aquí este mismo año; al terminar el corriente mes y comenzar el otro volverá a su casa, y se vengará de quien ultraje a su mujer y a su preclaro hijo.

165 Y tú le contestaste así, porquerizo Eumeo:

166 —¡Oh anciano! Ni tendré que pagar albricias por la buena nueva, ni Odiseo tornará a su casa; pero bebe tranquilo, cambiemos de conversación y no me traigas tal asunto a la memoria, que el ánimo se me aflige en el pecho cada vez que oigo mentar a mi venerable señor. No hagamos caso del juramento y preséntese Odiseo, como yo quisiera y también Penelopea, el anciano Laertes y Telémaco, semejante a los dioses.


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