La Odisea

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285 Allí me detuve siete años y junté muchas riquezas entre los egipcios, pues todos me daban alguna cosa. Mas, cuando llegó el octavo, presentóse un fenicio muy trapacero y falaz, que ya había causado a otros hombres multitud de males; y, persuadiéndome con su ingenio llevóme a Fenicia donde se hallaban su casa y sus bienes. Estuve con él un año entero; y tan pronto como, transcurriendo el año, los meses y los días del mismo se acabaron y las estaciones volvieron a sucederse, urdió otros engaños y me llevó a la Libia en su nave, surcadora del ponto, con el aparente fin de que le ayudase a conducir sus mercancías, pero en realidad, para venderme allí por un precio cuantioso. Tuve que seguirle, aunque ya sospechaba algo, y me embarqué en su nave. Corría ésta por el mar al soplo de un próspero y fuerte Bóreas, a la altura de Creta; y en tanto meditaba Zeus como a la perdición lo llevaría.

301 Cuando hubimos dejado a Creta y ya no se divisaba tierra alguna, sino tan solamente el cielo y el mar, Zeus colocó por cima de la cóncava embarcación una parda nube, debajo de la cual se obscureció el ponto, despidió un trueno y al propio tiempo arrojó un rayo en nuestra nave; ésta se estremeció al ser herida por el rayo de Zeus, llenándose del olor del azufre; y mis hombres cayeron en el agua. Llevábalos el oleaje alrededor del negro bajel como cornejas, y un dios les privó de la vuelta a la patria.


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