La Odisea
La Odisea 310 Pero a mí, aunque afligido en el ánimo, el propio Zeus echóme en las manos el mástil larguísimo de la nave de azulada proa, para que aun entonces escapase de la desgracia. Abrazado con él fui juguete de los perniciosos vientos durante nueve días, y al décimo en una noche obscura, ingente ola me arrojó a la tierra de los tesprotos. Allí el héroe Fidón, rey de los tesprotos, acogióme graciosamente pues habiéndose presentado su hijo donde yo me encontraba, me levantó con su mano y me llevó a la mansión del padre, cuando ya me rendían el frío y el cansancio, y me entregó un manto y una túnica para que me vistiera.
321 Allí me hablaron de Odiseo: participóme el rey que le estaba dando amistoso acogimiento y que ya el héroe iba a volver a su patria tierra; y me mostró todas las riquezas que Odiseo había juntado en bronce, oro y labrado hierro, con las cuales pudieran mantenerse un hombre y sus descendientes hasta la décima generación: ¡tantas alhajas tenía en el palacio de aquel monarca!