La Odisea
La Odisea 174 —¡Jóvenes! Ya que todos habéis recreado vuestro ánimo con los juegos, venid al palacio y dispondremos la cena, pues conviene que se tome en tiempo oportuno.
177 Asà les habló; y ellos se levantaron y obedecieron sus palabras. LIegados al cómodo palacio, dejaron sus mantos en sillas y sillones y sacrificaron ovejas, muy crecidas, pingües cabras, puercos gordos y una gregal vaca, aparejando con ello su banquete.
182 En esto, disponÃanse Odiseo y el divinal porquerizo a partir del campo hacia la ciudad. Y el porquerizo, mayoral de los pastores, comenzó a decir:
185 —¡Huésped! Ya que deseas encaminarte hoy mismo a la ciudad como lo ordenó mi señor —yo preferirÃa que permanecieses aquà para guardar los establos; mas respeto a aquél y temo que me riña, y las increpaciones de los amos son muy pesadas—, ea, vámonos ahora que ya pasó la mayor parte del dÃa y pronto vendrá la tarde y sentirás el fresco.
192 Respondióle el ingenioso Odiseo:
193 —Entiendo, hágome cargo, lo mandas a quien te comprende. Vamos, pues, y guÃame hasta que lleguemos. Y si has cortado algún bastón, dámelo para apoyarme; que os oigo decir que la senda es muy resbaladiza.