La Odisea
La Odisea 66 —¡Forastero! ¿Nos importunarás todavÃa, andando por la casa durante la noche y espiando a las mujeres? Vete afuera, oh mÃsero, y conténtate con lo que comiste, o muy pronto te echarán a tizonazos.
70 Mirándola con torva faz, exclamó el ingenioso Odiseo:
71 —¡Desdichada! ¿Por qué me acometes de esta manera, con ánimo irritado? ¿Quizás porque voy sucio, cubro mi cuerpo con miserables vestiduras y pido limosna por la población? La necesidad me fuerza a ello, y asà son los mendigos y los vagabundos. Pues en otra época también yo fui dichoso entre los hombres, habité una rica morada y en multitud de ocasiones di limosna al vagabundo, cualquiera que fuese y hallárase en la necesidad en que se hallase; entonces poseÃa innumerables siervos y otras muchas cosas con las cuales los hombres viven en regalo y gozan fama de opulentos. Mas Zeus Cronión me arruinó, porque asà lo quiso.
81 No sea que también tu, oh mujer, vayas a perder toda la hermosura de que haces gala entre las esclavas; que tu señora, irritándose, se embravezca contigo; o que Odiseo llegue, pues aún hay esperanzas de que torne. Y si, por haber muerto, no volviese, ya su hijo Telémaco es tal, por la voluntad de Apolo, que ninguna de las mujeres del palacio le pasará inadvertida si fuere mala; pues ya tiene edad para entenderlo.
89 Asà habló. Oyóle la discreta Penelopea y reprendió a la esclava diciéndole estas palabras: