La Odisea

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60 Mirándole con torva faz, le contestó el ingenioso Odiseo:

61 —¡Eurímaco! Aunque todos me dierais vuestro peculiar patrimonio, añadiendo a cuanto tengáis otros bienes de distinta procedencia, ni aun así se abstendrían mis manos de matar hasta que los pretendientes hayáis pagado todas las demasías. Ahora se os ofrece la ocasión de combatir conmigo o de huir, si alguno puede evitar la muerte y las Parcas; mas no creo que nadie se libre de un fin desastroso.

68 Así dijo; y todos sintieron desfallecer sus rodillas y su corazón. Pero Eurímaco habló otra vez para decirles:

70 —¡Amigos! No contendrá este hombre sus manos indómitas: habiendo tomado el pulido arco y la aljaba, disparará desde el liso umbral hasta que a todos nos mate. Pensemos, pues en combatir. Sacad las espadas, poned las mesas por reparo a la saetas, que causan rápida muerte, y acometámosle juntos por si logramos apartarle del umbral y de la puerta e irnos por la ciudad, donde se promovería gran alboroto. Y quizás disparara el arco por la vez postrera.



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