La Odisea

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395 Hechas las libaciones y habiendo bebido todos cuanto les plugo, fueron a recogerse a sus respectivas casas; pero Néstor, el caballero gerenio, hizo que Telémaco, el caro hijo del divinal Odiseo se acostase allí, en torneado lecho, debajo del sonoro pórtico, y que a su lado durmiese el belicoso Pisístrato, caudillo de los hombres, que era en el palacio el único hijo que se conservaba mozo. Y Néstor durmió, a su vez, en el interior de la excelsa morada, donde se hallaba la cama en que su esposa, la reina, le aderezó el lecho.

404 Mas apenas se descubrió la hija de la mañana, la Aurora de rosáceos dedos, levantóse de la cama Néstor, el caballero gerenio, y fue a tomar asiento en unas piedras muy pulidas, blancas, lustrosas por el aceite, que estaban ante el elevado portón y en ellas se sentaba anteriormente Neleo, consejero igual a los dioses; pero ya éste, vencido por la Parca, se hallaba en el Hades, y entonces quien ocupaba aquel sitio era Néstor, el caballero gerenio, el protector de los aqueos, cuya mano empuñaba el cetro. En torno suyo juntáronse los hijos, que iban saliendo de sus habitaciones —Equefrón, Estratio, Perseo, Areto, Trasimedes igual a un dios, y el héroe Pisístrato, que llegó el sexto—, y juntos acompañaron al deiforme Telémaco y le hicieron sentar cerca del anciano. Entonces comenzó a decirles Néstor, el caballero gerenio:


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