El hombre que rie
El hombre que rie La urca, casi entre dos aguas, perdÃa toda su forma en aquellos rebotes de las olas, y los desbordamientos de la espuma. En el buque cada cual pensaba en sà mismo. Amurrábase el que podÃa. Después de cada golpe de mar, tenÃan la sorpresa de volverse a encontrar todos. Algunos tenÃan desgarrado el rostro por las astillas.
Afortunadamente la desesperación tiene buenos puños. Una mano de niño en el terror aprieta como la de un gigante. La angustia forma una tenaza con dedos de mujer. Una joven miedosa hundirÃa sus rosadas uñas en el hierro. Agarrábanse, aguantábanse y retenÃan. Más todas las olas les traÃan el temor de ser barridos. De improviso se vieron aliviados.