El hombre que rie
El hombre que rie —Quisiera saber quien es responsable de esta muerte, ¿son los hombres, ó?…
Sus ojos miraron al aire, pero más allá del techo, y su boca murmuró:
—¿Acaso tú?
Después inclinose su frente como bajo un peso, y repuso:
—La noche se ha tomado el trabajo de matar a esa mujer.
Su mirada, al levantarse de nuevo, se encontró con el rostro del muchacho despierto, que le estaba escuchando.
—¿De qué te rÃes? —preguntóle bruscamente.
—Me rÃo, —contestó el muchacho.
Ursus experimentó una especie de sacudida, le contempló fijamente y en silencio durante unos segundos, y dijo:
—Entonces eres terrible.
Durante la noche estaba tan poco iluminado el interior del barracón, que Ursus no habÃa visto aún la cara del muchacho. La luz del dÃa se la enseñaba.
Colocó las manos en los hombros del niño, volvió a contemplar con una atención cada vez más dolorosa su rostro y le gritó:
—No te rÃas más.
—Si no me rÃo, —dijo el niño.
Ursus se estremeció de pies a cabeza.