El hombre que rie
El hombre que rie En suma, se resignó. Viéndose impotente, soñaba tan sólo en la mitad de su sueño.
¡Qué hombre el que se venga de un bienhechor! Barkilphedro era ese coloso. Generalmente, la ingratitud es el olvido; en aquel ser privilegiado era el furor. El ingrato vulgar está lleno de ceniza. ¿De qué estaba lleno Barkilphedro? de una hornaza. Hornaza con muros de odio, de cólera, de silencio, de rencor, esperando para combustible a Josiana. Jamás hombre alguno había aborrecido hasta tal punto sin razón a una mujer. ¡Qué cosa tan terrible! Ella será su insomnio, su preocupación, su rabia.
Tal vez estaba algo enamorado de ella.