Los Miserables - Parte 3
Los Miserables - Parte 3 Jondrette, al confesar quién era, no había conmovido al señor Blanco, pero había trastornado a Marius. La recomendación sagrada de su padre retumbaba en sus oídos. El nombre de Thenardier formaba parte de su alma, se mezclaba con el nombre de su padre dentro del culto que tenía a su memoria.
¡Cómo! ¡Era aquél el Thenardier, el posadero de Montfermeil, a quien había buscado en vano durante largo tiempo! ¡Lo hallaba al fin! ¿Pero qué hallaba? El salvador de su padre era un bandido; aquel hombre por el que Marius hubiera querido sacrificarse, era un monstruo. Aquel salvador del coronel Pontmercy estaba a punto de cometer un asesinato. ¡Y el asesinato de quién, gran Dios! ¡Qué fatalidad! ¡Qué amarga burla de la suerte! Su padre le decía ¡Socorre a Thenardier! Y él contestaba a esta voz adorada y santa destruyendo a Thenardier.
Pero, por otra parte, ¡cómo asistir a aquel asesinato premeditado y no impedirlo! ¡Cómo condenar a la víctima, y salvar al asesino! ¿Le debía gratitud a semejante miserable? ¿Qué partido elegir? ¿Faltar al testamento de su padre, o dejar que se consumara un crimen? Todo estaba en sus manos. Pero no tuvo tiempo de pensar, pues la escena que tenía ante sus ojos se precipitó con furia.