Los Miserables - Parte 3
Los Miserables - Parte 3 Al acabar el cuarto verso se detuvo. HabÃa llegado delante del número 50-52, y hallando cerrada la puerta, comenzó a descargar sobre ella golpes y taconazos que llegaban a retumbar, y que eran testimonio más bien de los zapatos de hombre que llevaba que de los pies de niño que tenÃa.
Entretanto, la anciana que habÃa encontrado en la esquina del Petit-Banquier corrÃa detrás de él, lanzando gritos y haciendo gestos desmesurados.
- ¿Qué es eso?, ¿qué es eso? ¡Buen Dios! ¡Echan abajo la puerta! ¡Están derribando la casa!
Las patadas continuaban. La mujer gritaba a más no poder. De pronto se detuvo; habÃa reconocido al pilluelo.
- ¡Ah, claro, tenÃas que ser tú, Satanás!
- ¡La vieja otra vez! -dijo el muchacho-. Buenas noches, tÃa Burgonmuche. Vengo a ver a mis antepasados.
La vieja respondió con una mueca:
- No hay nadie aquÃ, patán.
- ¿Dónde está mi padre?
- En la cárcel de la Force.
- ¡Vaya! ¿Y mi madre?
- En la de Saint-Lazare.
- ¿Y mis hermanas?
- En las Madelonnettes.