Los Miserables - Parte 3

Los Miserables - Parte 3

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- Caballero, cuánto siento…

- Ante todo -lo interrumpió Laigle-, pido embalsamar a Blondeau con el siguiente epitafio: "Aquí yace Blondeau, el narigón, el buey de la disciplina, el ángel de las listas de asistencia, que fue recto, cuadrado, rígido, honesto y repelente. Que Dios lo borre como él me borró a mí".

- Lo siento tanto… -balbuceó Marius.

- Joven -dijo Laigle-, que os sirva esto de lección: sed más puntual en adelante.

- Os pido mil perdones.

- No os expongáis a que borren a vuestro prójimo.

- Estoy desesperado.

Laigle soltó una carcajada.

- Y yo, dichoso. Estaba a punto de ser abogado y esto me salvó. Renuncio a los triunfos del foro. No defenderé a la viuda ni atacaré al huérfano. Nada de toga, nada de estrados. Obtuve que me borraran; y a vos os lo debo, señor Pontmercy. Debo haceros solemnemente una visita de agradecimiento. ¿Dónde vivís?

- En este cabriolé -dijo Marius.

- Señal de opulencia -respondió Laigle con tranquilidad-. Os felicito. Tenéis una habitación de nueve mil francos por año.

En ese momento salió Courfeyrac del café.

Marius sonrió tristemente.


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