Los Miserables - Parte 4
Los Miserables - Parte 4 Marius la miró; después alzó lentamente los ojos al cielo, y respondió:
- Nada.
Cuando bajó los párpados, vio que Cosette se sonreía mirándole. La sonrisa de la mujer amada tiene una claridad que disipa las tinieblas.
- ¡Qué tontos somos! Marius, se me ocurre una idea. ¡Parte tú también! Te diré dónde. Ven a buscarme donde esté.
Marius era ya un hombre completamente despierto. Había vuelto a la realidad, y dijo a Cosette:
- ¡Partir con vosotros! ¿Estás loca? Es preciso para eso dinero, y yo no lo tengo. ¡Ir a Inglaterra! Ahora debo más de diez luises a Courfeyrac, un amigo a quien tú no conoces. Tengo un sombrero viejo que no vale tres francos, una levita sin botones por delante, mi camisa está toda rota, se me ven los codos, mis botas se calan de agua; hace seis semanas que no pienso en todo esto, y por eso no lo lo he dicho, Cosette. ¡Soy un miserable! Tú no me ves más que por la noche, y me das tu amor; ¡si me vieras de día me darías limosna! ¿Ir a Inglaterra? ¡Y no tengo siquiera con qué pagar el pasaporte!