Los Miserables - Parte 4
Los Miserables - Parte 4 Marius salió desolado de casa del señor Gillenormand. Había entrado en ella con poca esperanza y salía con inmensa desesperación. Se paseó por las calles, recurso de todos los que padecen. A las dos de la mañana entró en casa de Courfeyrac, y se echó vestido en su colchón. Había salido ya el sol cuando se durmió con ese horrible sueño pesado que deja ir y venir las ideas en el cerebro.
Cuando se despertó, vio a Courfeyrac, Enjolras, Feuilly y Combeferre de pie, con el sombrero puesto, preparados para salir y muy agitados.
Courfeyrac le dijo:
- ¿Vienes al entierro del general Lamarque?
Le pareció que Courfeyrac hablaba en chino. Salió de casa algunos momentos después que ellos, se echó al bolsillo las dos pistolas que le diera Javert. Sería difícil decir qué oscuro pensamiento tenía en su cabeza al llevarlas. Todo el día estuvo vagando sin saber por dónde iba; llovía a intervalos, pero no lo notaba; parece que se bañó en el Sena, sin tener conciencia de lo que hacía. Ya no esperaba nada, ni temía nada. Sólo esperaba la noche con impaciencia febril; no tenía más que una idea clara: que a las nueve vería a Cosette. A ratos le parecía oír en las calles de París ruidos extraños, y saliendo de su meditación decía: ¿Habrá una revuelta?