Los Miserables - Parte 4
Los Miserables - Parte 4 - ¡Ya veis! ¡Estáis perdido! Ahora nadie saldrá de la barricada. Yo os traje aquÃ, y vais a morir; yo lo sabÃa. Y, sin embargo, cuando vi que os apuntaban, puse mi mano en la boca del fusil. ¡Qué raro! Pero es que querÃa morir antes que vos. Cuando recibà el balazo, me arrastré y os esperaba. ¡Oh! Si supieseis… MordÃa la blusa; ¡tenÃa tanto dolor! Pero ahora estoy bien. ¿Os acordáis de aquel dÃa en que entré en vuestro cuarto, y del dÃa en que os encontré en el prado? ¡Cómo cantaban los pájaros! No hace mucho tiempo. Me disteis cien sueldos, y os contesté: No quiero vuestro dinero ¿Recogisteis la moneda? No sois rico y no me acordé de deciros que la recogieseis. HacÃa un sol hermoso. ¿Os acordáis, señor Marius? ¡Oh! ¡Qué feliz soy! ¡Todo el mundo va a morir!
Mientras hablaba, apoyaba la mano herida sobre el pecho, donde tenÃa otro agujero del cual salÃa a intervalos una ola de sangre. Marius contemplaba a aquella infeliz criatura con profunda compasión.
- ¡Oh! -dijo la joven de repente-. ¡Me vuelve otra vez! ¡Me ahogo!
Cogió la blusa y la mordió.
En aquel momento el grito de gallo de Gavroche resonó en la barricada. El muchacho se habÃa subido sobre una mesa para cargar el fusil y cantaba alegremente.