Los Miserables - Parte 4
Los Miserables - Parte 4 Pero Gavroche, que pasaba con rapidez de un gesto a otro, acababa de coger una piedra. Había visto el farol.
- ¡Cómo es esto! -exclamó-. Todavía tenéis aquí faroles; estáis muy atrasados, amigos. Esto es un desorden. Rompedme ese farol.
La calle quedó a oscuras, y los vecinos se asomaron a las ventanas, furiosos. Jean Valjean se acercó a Gavroche.
- ¡Pobrecillo! -dijo a media voz, y hablando consigo mismo-; tiene hambre.
Y le puso la moneda de cinco francos en la mano.
Gavroche levantó los ojos asombrado de la magnitud de aquella moneda; la miró en la oscuridad y le deslumbró su blancura. Conocía de oídas las monedas de cinco francos y le gustaba su reputación; quedó, pues encantado de ver una, mirándola extasiado por algunos momentos; después se volvió a Jean Valjean, extendió el brazo para devolverle la moneda y le dijo majestuosamente:
- Ciudadano, me gusta más romper los faroles. Tomad vuestra fiera; a mí no se me compra.
- ¿Tienes madre? -le preguntó Jean Valjean.
Gavroche respondió:
- Tal vez más que vos.