Los Miserables - Parte 4
Los Miserables - Parte 4 - Estoy aquÃ, padrecito mÃo, porque sÃ. ¿No está permitido sentarse en el suelo ahora? Vos sois el que no debe estar aquÃ, es bizcocho, ya se lo dije a la Magnon. No hay nada que hacer aquÃ. Pero abrazadme, mi querido padre. ¡Cuánto tiempo sin veros! ¡Estáis ya fuera! ¡Estáis libre!
Thenardier trató de librarse de los brazos de Eponina y murmuró:
- Está bien. Ya me abrazaste. SÃ, estoy fuera, no estoy dentro. Ahora vete.
Pero Eponina redoblaba sus caricias.
- Padre mÃo, ¿cómo lo hicisteis? Debéis tener mucho talento cuando habéis salido de allÃ. ¡Contádmelo! ¿Y mi madre? ¿Dónde está mi madre? Dadme noticias de mamá.
Thenardier respondió:
- Está bien; no sé; déjame. Te digo que te vayas.
- No quiero irme ahora -dijo Eponina con su modo de niño enfadado-; me despedÃs, cuando hace cuatro meses que no os veÃa, y apenas he tenido tiempo de abrazaros.
Y volvió a echar los brazos al cuello de su padre.
- ¡Pero qué estupidez! -dijo Babet.
- No perdamos más tiempo -dijo Gueulemer-, pueden pasar los polizontes.