Los Miserables - Parte 4
Los Miserables - Parte 4 Eponina se volvió hacia los cinco bandidos.
- Pero si es el señor Brujon. Buenas noches, señor Babet, buenas noches, señor Claquesous. ¿No os acordáis de mí, señor Gueulemer? ¿Cómo estáis, Montparnasse?
- Sí, todos se acuerdan de ti -dijo Thenardier-. Pero buenas noches, y largo. Déjanos tranquilos.
- Esta es la hora de los lobos y no de las gallinas -dijo Montparnasse.
- Ya ves que tenemos que trabajar aquí -agregó Babet.
Eponina tomó la mano de Montparnasse.
- ¡Ten cuidado! -dijo éste- te vas a cortar, tengo un cuchillo abierto.
- Mi querido Montparnasse -respondió Eponina dulcemente-, hay que tener confianza en las personas, aunque sea la hija de mi padre. Señor Babet, señor Gueulemer, a mí me encargaron investigar este negocio. Recordad que os he prestado servicios algunas veces. Pues bien, me he informado y sé que os expondréis inútilmente. Os juro que no hay nada que hacer en esta casa.
- Sólo hay mujeres -dijo Gueulemer.
- No hay nadie, los inquilinos se mudaron.
- Las luces no se mudaron -dijo Babet.
Y mostró a Eponina una luz que se paseaba por la buhardilla. Era Santos que ponía ropa a secar. Eponina intentó un último recurso: