Los Miserables - Parte 4
Los Miserables - Parte 4 Thenardier se le aproximó.
- ¡No tan cerca, buen hombre!
Thenardier retrocedió, murmurando entre dientes:
- ¡Perra!
Eponina se echó a reÃr de una manera horrible.
- Seré lo que queráis, pero no entraréis. Sois seis, ¿y eso qué me importa? Sois hombres, pues yo soy mujer. No me dais miedo. Marchaos. Os digo que no entraréis en esta casa porque a mà no se me da la gana. Si os acercáis, ladro; ya os he dicho que soy el perro. Me rÃo de vosotros; idos donde queráis, pero no vengáis aquÃ, os lo prohÃbo. Vosotros a puñaladas y yo a zapatazos, me da lo mismo.
Y dio un paso hacia los bandidos; su risa era cada vez más horrible.
- No le tengo miedo a nada, ni aun a vos, padre. ¡Qué me importa que me recojan mañana en la calle Plumet, asesinada por mi padre, o que me encuentren dentro de un año en las redes de Saint-Cloud, o en la isla de los Cisnes, en medio de perros ahogados!
Tuvo que detenerse; la acometió una tos seca.
- No tengo nada que hacer más que gritar y os caen encima, ¡cataplum! Sois seis, yo soy todo el mundo.