Los Miserables - Parte 5
Los Miserables - Parte 5 El hombre cruzó los brazos, y miró la reja con el aire de una persona que se echa en cara algo. Como no bastaba mirar, trató de empujarla, la sacudió, y la reja resistió tenazmente. Era probable que acabaran de abrirla y no había duda de que la habían vuelto a cerrar, lo que probaba que la persona que la abrió no lo hizo con una ganzúa, sino con una llave.
- ¡Esto ya es el colmo! ¡Una llave del gobierno! -exclamó.
Esperando ver salir al de la blusa o entrar a otros, se puso en acecho detrás del montón de escombros, con la paciente rabia del perro de presa.
Por su parte, el carruaje de alquiler, que seguía todos sus movimientos, se detuvo junto al parapeto. El cochero, previendo que la espera no sería corta, se bajó y ató el saco de avena al hocico de sus caballos.