Los Miserables - Parte 5
Los Miserables - Parte 5 Se detuvo un momento. Estaba muy cansado. Un respiradero bastante ancho daba una luz casi viva. Jean Valjean con la suavidad de un hermano con su hermano herido, colocó a Marius en la banqueta de la alcantarilla. El rostro ensangrentado del joven apareció a la luz pálida como si estuviera en el fondo de una tumba. Tenía los ojos cerrados, los cabellos pegados a las sienes, las manos yertas, la sangre coagulada en las comisuras de la boca. Puso la mano en su pecho y vio que el corazón latía aún. Rasgó la camisa, vendó las heridas lo mejor que pudo y restañó la sangre que corría; después, inclinándose sobre Marius que continuaba sin conocimiento y casi sin respiración, lo miró con un odio indecible.
Al romper la camisa de Marius, encontró en sus bolsillos dos cosas: un pan guardado desde la víspera, y la cartera del joven. Se comió el pan, y abrió la cartera. En la primera página vio las líneas escritas por Marius: "Me llamo Marius Pontmercy. Llevar mi cadáver a casa de mi abuelo, el señor Gillenormand, calle de las Hijas del Calvario número 6, en el Marais".