Nuestra Señora de ParÃs
Nuestra Señora de ParÃs Decidió ir por el puente de Saint-Michel, lleno de niños que corrÃan de aquà para allá tirando petardos y cohetes.
—¡Condenados fuegos artificiales! —dijo Gringoire, y se desvió hacia el Pont-au-Change.
HabÃan colgado, en las casas situadas en la entrada del puente, tres banderas que representaban al rey, al delfÃn y a Margarita de Flandes, y seis banderolas donde estaban «retratados» el duque de Austria, el cardenal de Borbón, el señor de Beaujeu, doña Juana de Francia, el bastardo del Borbón y no sé quién más, todo iluminado con antorchas. La multitud estaba admirada.
—¡Afortunado pintor Jehan Fourbault! —dijo Gringoire, dejando escapar un profundo suspiro antes de dar la espalda a las banderas y banderolas.