Nuestra Señora de ParÃs
Nuestra Señora de ParÃs Después de haber corrido como alma que lleva al diablo durante un rato, sin saber hacia dónde iba, golpeándose la cabeza en más de una esquina, saltando más de un arroyo, cruzando más de una calleja, más de un callejón y más de una encrucijada, buscando salida y paso a través de todos los meandros del viejo mercado de Les Halles, explorando, en su miedo pánico, lo que el bello latÃn de los documentos llama tota via, cheminum et viaria,[31] nuestro poeta se detuvo de pronto, en un primer momento porque estaba sin aliento y luego porque en cierto modo quedó paralizado por un dilema que acababa de acudir a su mente: