Nuestra Señora de París

Nuestra Señora de París

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Viendo que no había ni tregua, ni aplazamiento, ni escapatoria posible, tomó valientemente una decisión. Enroscó la pierna derecha alrededor de la pierna izquierda, se puso de puntillas sobre el pie izquierdo y estiró el brazo. Pero, en el instante en que alcanzó a tocar el muñeco, su cuerpo, apoyado solo en un pie, se tambaleó sobre el escabel, que solo tenía tres patas; instintivamente, intentó apoyarse en el muñeco, perdió el equilibrio y cayó como un fardo al suelo, completamente ensordecido por la fatal vibración de los cientos de campanillas del muñeco, el cual, cediendo al impulso dado por su mano, describió primero una rotación sobre sí mismo y a continuación se balanceó majestuosamente entre los dos postes.

—¡Maldición! —gritó al caer, y se quedó como muerto con la cara contra el suelo.

Sin embargo, oía el temible carillón sobre su cabeza, y la risa diabólica de los truhanes, y la voz de Trouillefou, que decía:

—Levantad a ese perillán y colgadlo sin contemplaciones.

Se levantó. Ya habían descolgado al muñeco para hacerle sitio.

Los argoteros le hicieron subir al escabel. Clopin se acercó a él, le puso la soga al cuello y, dándole unas palmaditas en el hombro, le dijo:

—¡Adiós, amigo! Ahora ya no puedes escapar, ni aunque digirieras con las tripas del papa.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker