Nuestra Señora de ParÃs
Nuestra Señora de ParÃs Gringoire, por su parte, no le dio tiempo de volver a sumirse en sus pensamientos. Se aventuró a formular una pregunta delicada:
—¿No me queréis, entonces, por marido?
La joven lo miró fijamente y dijo:
—No.
—¿Y como amante?
Ella hizo su mohÃn caracterÃstico y respondió:
—No.
—¿Y como amigo?
Ella continuó mirándolo fijamente y, tras un momento de reflexión, dijo:
—Quizá.
Ese «quizá», tan caro a los filósofos, animó a Gringoire.
—¿Sabéis lo que es la amistad? —preguntó.
—Sà —respondió la egipcia—. Es ser hermano y hermana, dos almas que se tocan sin confundirse, como los dedos de una mano.
—¿Y el amor? —prosiguió Gringoire.
—¡Ah, el amor! —dijo ella, con voz trémula y ojos brillantes—. Es ser dos y no ser más que uno. Un hombre y una mujer que se funden en un ángel. Es el cielo.