Nuestra Señora de ParÃs
Nuestra Señora de ParÃs —No lo sé —dijo la joven. Y añadió con vivacidad—: Y vos que también me seguÃais, ¿por qué lo hacÃais?
—Sinceramente —respondió Gringoire—, tampoco lo sé.
Se produjo un silencio. Gringoire hacÃa cortecitos en la mesa con el cuchillo. La muchacha sonreÃa y parecÃa mirar algo a través de la pared. De repente, se puso a cantar articulando a duras penas las palabras:
Cuando las pintadas aves
mudas están, y la tierra…[38]
Calló bruscamente y se puso a acariciar a Djali.
—Es un animal muy bonito —dijo Gringoire.
—Es mi hermana —respondió ella.
—¿Por qué os llaman «Esmeralda»? —preguntó el poeta.
—No lo sé.
—¿Tampoco eso?
La joven sacó de su pecho una especie de bolsita oblonga que llevaba colgada del cuello con un collar de cuentas de acederaque. La bolsita exhalaba un penetrante olor de alcanfor. Estaba recubierta de seda verde y llevaba en el centro un grueso cristal verde que imitaba una esmeralda.