Nuestra Señora de ParÃs
Nuestra Señora de ParÃs —Quizá sea por esto —dijo.
Gringoire hizo ademán de coger la bolsita. Ella retrocedió.
—¡No la toques! Es un amuleto. RomperÃas el encantamiento, o el encantamiento actuarÃa contra ti.
Cada vez se despertaba más la curiosidad del poeta.
—¿Quién os la ha dado?
Ella le puso un dedo sobre los labios y escondió el amuleto en su pecho. Gringoire le hizo más preguntas, pero ella a duras penas contestaba.
—¿Qué quiere decir esa palabra: «Esmeralda»?
—No lo sé —dijo.
—¿A qué lengua pertenece?
—Creo que es egipcio.
—Me lo figuraba —dijo Gringoire—. ¿No sois francesa?
—No lo sé.
—¿Viven vuestros padres?
Ella se puso a entonar una vieja canción:
Pájaro es mi padre,
pájaro es mi madre.
Sin barca cruzo el rÃo,