Nuestra Señora de París
Nuestra Señora de París Y lo que decimos de la fachada hay que decirlo de la iglesia entera; y lo que decimos de la iglesia catedral de París hay que decirlo de todas las iglesias de la cristiandad en la Edad Media. Todo está íntimamente relacionado en este arte nacido de sí mismo, lógico y proporcionado. Medir un dedo del pie es medir al gigante.
Pero volvamos a la fachada de Notre-Dame tal como aparece ante nosotros todavía hoy, cuando vamos piadosamente a admirar la grave y poderosa catedral que, al decir de los cronistas, aterroriza:quae mole sua terrorem incutit spectantibus.[41]
Tres cosas importantes faltan hoy en esa fachada. Para empezar, la escalera de once peldaños que antaño la elevaba sobre el nivel del suelo; a continuación, la serie inferior de estatuas que ocupaba los nichos de los tres pórticos y la serie superior de los veintiocho reyes más antiguos de Francia, que guarnecía la galería del primer piso, desde Childeberto hasta Felipe Augusto con «la manzana imperial» en la mano.