Nuestra Señora de París
Nuestra Señora de París Y si subimos a lo más alto de la catedral sin detenernos ante mil barbaridades de toda clase, ¿qué ha pasado con aquel pequeño y encantador campanario que descansaba sobre el punto de intersección del crucero y que, no menos frágil y no menos audaz que la flecha vecina (destruida también) de la Santa Capilla, se elevaba hacia el cielo más que las torres, espigado, puntiagudo, sonoro, calado? Un arquitecto de buen gusto (1787) lo guadañó, y creyó que bastaba disimular la herida con ese desparramado emplasto de plomo que parece la tapa de una marmita.