Nuestra Señora de París

Nuestra Señora de París

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Notre-Dame de París no es, por lo demás, lo que podemos llamar un monumento completo, definido, clasificado. Ya no es una iglesia románica y todavía no es una iglesia gótica. Este edificio no es un tipo. Notre-Dame de París no tiene, como la abadía de Tournus, la grave y maciza corpulencia, la redonda y amplia bóveda, la desnudez glacial, la majestuosa sencillez de los edificios cuyo generador es el arco de medio punto. No es, como la catedral de Bourges, el producto magnífico, ligero, multiforme, tupido, erizado y floreciente de la ojiva. Imposible incluirla en esa antigua familia de iglesias sombrías, misteriosas, bajas y como aplastadas por el medio punto; casi egipcias de no ser por el techo; absolutamente jeroglíficas, sacerdotales, simbólicas; más cargadas, en sus ornamentos, de rombos y de zigzags que de flores, más de flores que de animales, más de animales que de hombres; no tanto obra del obispo como del arquitecto; primera transformación del arte, totalmente impregnado de disciplina teocrática y militar, que tiene sus raíces en el bajo imperio y se detiene en Guillermo el Conquistador. Imposible situar nuestra catedral en esa otra familia de iglesias altas, aéreas, ricas en vidrieras y esculturas; agudas en sus formas y atrevidas en sus actitudes; comunales y burguesas como símbolos políticos; libres, caprichosas y desenfrenadas como obras de arte; segunda transformación de la arquitectura, ya no jeroglífica, inmutable y sacerdotal, sino artística, progresiva y popular, que comienza a la vuelta de las cruzadas y termina con Luis XI. Notre-Dame de París no es ni de pura raza romana, como las primeras, ni de pura raza árabe, como las segundas.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker