Nuestra Señora de París
Nuestra Señora de París Estas construcciones híbridas no son, lo repetimos, las menos interesantes para el artista, para el anticuario, para el historiador. Hacen sentir hasta qué punto la arquitectura es algo primitivo, pues demuestran, como lo demuestran también los vestigios ciclópeos, las pirámides de Egipto y las gigantescas pagodas hindúes, que los más grandes productos de la arquitectura no son tanto obras individuales como obras sociales; son más el alumbramiento de los pueblos trabajando que el vástago de los genios; el sedimento que deja una nación, las acumulaciones que forman los siglos, el residuo de las evaporaciones sucesivas de la sociedad humana; en una palabra: una especie de formaciones. Cada oleada del tiempo superpone su aluvión, cada raza deposita su capa sobre el monumento, cada individuo aporta su piedra. Así actúan los castores, así actúan las abejas y así actúan los hombres. El gran símbolo de la arquitectura, Babel, es una colmena.