Nuestra Señora de París
Nuestra Señora de París Los grandes edificios, como las grandes montañas, son obra de los siglos. A menudo, el arte se transforma cuando todavía están pendientes, pendent opera interrupta [42], y se continúa apaciblemente con ellos de acuerdo con el arte transformado. El arte nuevo coge el monumento donde lo encuentra, se incrusta en él, lo asimila, lo desarrolla a su capricho y lo termina si puede. Ello se produce sin turbulencias, sin esfuerzos, sin reacciones, siguiendo una ley natural y tranquila. Es un injerto que aparece, una savia que circula, una vegetación que arraiga. Ciertamente, hay material para libros muy gruesos, y con frecuencia historia universal de la humanidad, en estas soldaduras sucesivas de varias artes a diferentes alturas en el mismo monumento. El hombre, el artista y el individuo desaparecen en esas grandes masas sin nombre de autor; la inteligencia humana se resume y se totaliza en ellas. El tiempo es el arquitecto, el pueblo es el albañil.