Nuestra Señora de París
Nuestra Señora de París En el siglo XV el Sena bañaba cinco islas en el recinto de París: la isla de Louviers, donde a la sazón había árboles y donde ya no hay más que leña; la isla de las Vacas y la isla de Notre-Dame, ambas desiertas, excepto por alguna casucha, y ambas feudos del obispo (en el siglo XVII, de esas dos islas hicieron una, en la que edificaron y que llamamos isla de San Luis); y por último la Cité, con el islote del Barquero de Vacas en la punta, que más tarde se hundió bajo el terraplén del Pont-Neuf. La Cité tenía entonces cinco puentes: tres a la derecha, el puente de Notre-Dame y el Pont-au-Change, de piedra, y el Pont-aux-Meuniers, de madera; dos a la izquierda, el Petit-Pont, de piedra, y el puente de Saint-Michel, de madera; y todos estaban cargados de casas. La Universidad tenía seis puertas, construidas por Felipe Augusto; eran, a partir de la Tournelle, la puerta de Saint-Victor, la puerta Bordelle, la puerta Papal, la puerta de Saint-Jacques, la puerta de Saint-Michel y la puerta de Saint-Germain. La Villa tenía seis puertas, construidas por Carlos V; eran, desde la torre de Billy, la puerta de Saint-Antoine, la puerta del Temple, la puerta de Saint-Martin, la puerta de Saint-Denis, la puerta de Montmartre y la puerta de Saint-Honoré. Todas estas puertas eran fuertes, y bonitas también, lo cual no disminuye la fuerza. Un foso ancho, profundo, de corriente rápida durante las crecidas del invierno, bañaba el pie de las murallas alrededor de París; el agua la proporcionaba el Sena. Por la noche cerraban las puertas, cortaban el paso por el río en los dos extremos de la ciudad con gruesas cadenas de hierro, y París dormía tranquila.