Nuestra Señora de ParÃs
Nuestra Señora de ParÃs —Pues claro que sà —añadió el diablillo del capitel—. ¿De qué se rÃe toda esa gente? ¡Honorable Gilles Lecornu, hermano de maese Jehan Lecornu, preboste de la Casa Real, hijo de maese Mahiet Lecornu, primer portero del bosque de Vincennes, todos burgueses de ParÃs y, de padre a hijo, todos casados!
La algazara aumentó. El orondo peletero-manguitero, sin rechistar, se esforzaba en sustraerse a las miradas que le lanzaban desde todas partes, pero sudaba y resoplaba en vano. Como una cuña que se clava en la madera, los esfuerzos que hacÃa solo servÃan para encajar más firmemente en los hombros de sus vecinos su ancha cara apoplética, colorada de despecho y de ira.
Finalmente, uno de estos, gordo, bajo y venerable como él, salió en su defensa:
—¡Qué desfachatez! ¡Hablarle asà unos estudiantes a un burgués! En mis tiempos los habrÃan fustigado con un haz de leña, antes de encenderlo para quemarlos.
Toda la pandilla rompió a reÃr.
—¡Hola, hola…! ¿Quién canta por ah� ¿Quién es ese pájaro de mal agüero?
—¡Toma, si yo lo conozco! —dijo uno—. Es maese Andry Musnier.
—¡Ah, sÃ, es uno de los cuatro libreros jurados de la Universidad! —dijo otro.