Nuestra Señora de ParÃs
Nuestra Señora de ParÃs En cuanto a los monumentos modernos del ParÃs nuevo, nos eximiremos gustosos de hablar de ellos. No es que no los admiremos como se merecen. La iglesia de Sainte-Geneviève, de Soufflot, es ciertamente la tarta más bella que se haya hecho jamás en piedra. El palacio de la Legión de Honor es también una muestra de reposterÃa muy distinguida. La cúpula del mercado de trigo es una gorra de jockey inglés a gran escala. Las torres de Saint-Sulpice son dos grandes clarinetes, lo que no deja de ser una forma como cualquier otra; el telégrafo, retorcido y gesticulante, añade un bonito apéndice sobre su tejado. Saint-Roch tiene un pórtico solo comparable, por su magnificencia, al de Saint-Thomas d’Aquin. Tiene también un vÃa crucis en altorrelieve en un sótano y un sol de madera dorado. Son cosas, todas ellas, absolutamente maravillosas. La linterna del laberinto del JardÃn Botánico es también muy ingeniosa. En cuanto al edificio de la Bolsa, griego por su columnata, románico por los arcos de medio punto de sus puertas y ventanas, y renacentista por su gran bóveda rebajada, es indudablemente un monumento muy correcto y muy puro; prueba de ello es que está coronado por un ático difÃcil de ver en Atenas, bella lÃnea recta, graciosamente cortada aquà y allá por tubos de estufa. Añadamos que, si es un requisito indispensable que la arquitectura de un edificio se adapte a su destino de tal forma que dicho destino se delate por sà solo simplemente por el aspecto del edificio, nunca admiraremos bastante un monumento que puede ser indistintamente el palacio de un rey, una cámara de los comunes, un ayuntamiento, un colegio, un picadero, una academia, un almacén, un tribunal, un museo, un cuartel, un sepulcro, un templo o un teatro. Por el momento, es una Bolsa. Un monumento debe ser, además, apropiado para el clima. Este está a todas luces construido expresamente para nuestro cielo frÃo y lluvioso. Tiene un tejado casi plano como en Oriente, por lo que en invierno, cuando nieva, barren el tejado; y es indudable que un tejado está hecho para ser barrido. En cuanto a ese destino del que hablábamos hace un momento, responde a él de mara Villa; es Bolsa en Francia como hubiera sido templo en Grecia. Es cierto que al arquitecto le costó bastante trabajo ocultar la esfera del reloj, que habrÃa destruido la pureza de las bellas lÃneas de la fachada; pero, en contrapartida, tenemos esa columnata que rodea el monumento y bajo la cual puede desfilar majestuosamente, los grandes dÃas de solemnidad religiosa, la teorÃa de los agentes de cambio y los corredores de comercio.