Nuestra Señora de ParÃs
Nuestra Señora de ParÃs —¡Menudas piezas, los señores de la Universidad! ¡Mira que no haber hecho respetar nuestros privilegios en un dÃa como este! Hay mayo y hoguera en la Villa, misterio, papa de los locos y embajadores flamencos en la Cité, ¡y en la Universidad, nada!
—¡Pues no será porque la plaza Maubert no es suficientemente grande! —dijo uno de los clérigos instalados en el alféizar de la ventana.
—¡Abajo el rector, los electores y los procuradores! —gritó Joannes.
—Habrá que encender una hoguera esta noche en el Champ Gaillard con los libros de maese Andry —prosiguió otro.
—¡Y con los pupitres de los escribientes! —dijo su vecino.
—¡Y con las varas de los bedeles!
—¡Y con las escupideras de los decanos!
—¡Y con las mesas de los procuradores!
—¡Y con las arcas de los electores!
—¡Y con los escabeles del rector!
—¡Abajo! —repitió el pequeño Jehan a modo de fabordón—. ¡Abajo maese Andry, los bedeles y los escribas, los teólogos, los médicos y los decretistas, los procuradores, los electores y el rector!