Nuestra Señora de París
Nuestra Señora de París En 1482, Quasimodo había crecido. Se había convertido hacía varios años en campanero de Notre-Dame gracias a su padre adoptivo Claude Frollo, el cual se había convertido en arcediano de Josas gracias a su señor micer Louis de Beaumont, el cual se había convertido en obispo de París en 1472, a la muerte de Guillaume Chartier, gracias a su patrón Olivier el Gamo, barbero del rey Luis XI por la gracia de Dios.
Quasimodo era, pues, campanero de Notre-Dame.
Con el tiempo se había formado una especie de lazo íntimo que unía al campanero a la iglesia. Separado para siempre del mundo por la doble fatalidad de su nacimiento desconocido y de su naturaleza deforme, aprisionado desde la infancia en aquel doble cerco infranqueable, el pobre desgraciado se había acostumbrado a no ver nada de este mundo más allá de los religiosos muros que lo habían acogido a su sombra. Notre-Dame había sido sucesivamente para él, conforme crecía y se desarrollaba, el huevo, el nido, la casa, la patria, el universo.