Nuestra Señora de ParÃs
Nuestra Señora de ParÃs Y no cabe duda de que habÃa una especie de armonÃa misteriosa y preexistente entre aquella criatura y aquel edificio. Cuando, siendo muy pequeño aún, se arrastraba tortuosamente y a trompicones entre las tinieblas de sus bóvedas, parecÃa, con su cara humana y su constitución bestial, el reptil natural de aquel embaldosado húmedo y oscuro sobre el que la sombra de los capiteles románicos proyectaba tantas formas extrañas.
Más adelante, la primera vez que se agarró maquinalmente de la cuerda de las torres, quedó suspendido de ella y puso la campana en movimiento, Claude, su padre adoptivo, tuvo la sensación de hallarse ante un niño al que se le desata la lengua y empieza a hablar.