Nuestra Señora de París
Nuestra Señora de París Por lo demás, no solo su cuerpo parecía haberse amoldado a la catedral, sino también su mente. ¿En qué estado se hallaba esa alma? Resultaría difícil determinar qué pliegues presentaba, qué forma había adoptado bajo esa envoltura nudosa, llevando esa vida salvaje. Quasimodo había nacido tuerto, jorobado y cojo. Tan solo a costa de muchos esfuerzos y de mucha paciencia, Claude Frollo había conseguido enseñarle a hablar. Mas la fatalidad iba unida al pobre niño expósito. Convertido en campanero de Notre-Dame desde los catorce años, una nueva discapacidad se había añadido a las que ya tenía: las campanas le habían roto el tímpano y se había quedado sordo. La única puerta de acceso al mundo que la naturaleza le había dejado abierta de par en par se había cerrado bruscamente para siempre.