Nuestra Señora de ParÃs
Nuestra Señora de ParÃs Debido a todo esto, Claude, contristado y desanimado en sus afectos humanos, se habÃa arrojado con más pasión en brazos de la ciencia, esa hermana que al menos no se rÃe en tus narices y siempre te paga, aunque en moneda a veces poco valiosa, las atenciones que has tenido con ella. Se hizo, pues, cada vez más erudito y al mismo tiempo, como una consecuencia natural, cada vez más rÃgido como sacerdote, cada vez más triste como hombre. Hay para cada uno de nosotros ciertos paralelismos entre nuestra inteligencia, nuestras costumbres y nuestro carácter, que se desarrollan sin solución de continuidad y solo se rompen en los momentos de grandes perturbaciones en la vida.