Nuestra Señora de París

Nuestra Señora de París

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Y al igual que, con el paso de los años, se habían formado abismos en su ciencia, también se habían formado en su corazón. Eso es al menos lo que uno estaba autorizado a creer examinando ese rostro en el que no se veía brillar el alma sino a través de una sombría nube. ¿Qué motivaba esa frente despoblada, esa cabeza siempre inclinada, ese pecho siempre sacudido por suspiros? ¿Qué secreto pensamiento hacía sonreír su boca con tanta amargura a la vez que sus cejas fruncidas se acercaban como dos toros que se disponen a luchar? ¿Por qué los cabellos que le quedaban estaban ya grises? ¿Qué era ese fuego interior que resplandecía a veces en su mirada, hasta el punto de que sus ojos parecían agujeros practicados en la pared de un horno?

Esos síntomas de una violenta preocupación moral habían alcanzado un alto grado de intensidad sobre todo en la época en que transcurre esta historia. Más de una vez un monaguillo había huido, asustado, al encontrarlo solo en la iglesia, tan extraña y centelleante era su mirada. Más de una vez, en el coro, a la hora de los oficios, su vecino de asiento le había oído intercalar en el canto gregoriano ad omnen tonum[59] paréntesis ininteligibles. Más de una vez la lavandera del Terrain, encargada de «lavar el capítulo», había observado, no sin sobrecogimiento, marcas de uñas y de dedos crispados en la sobrepelliz del señor arcediano de Josas.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker